Lilia Lorena, es el nombre de una hija que retumba en el interior de una madre desde hace más de 15 años, después de ver a Lili por última vez. Es con este gran pesar con el que Mariana Sánchez Tapia ha vivido todos estos años. Desde que su ex esposo se llevó a su hija cuando tenía tan solo 1 año 8 meses de vida, ella NO ha dejado de buscarla.

Mariana es una mujer, con una gran sonrisa y unos ojos claros muy expresivos, su optimismo lo transmite por cualquier lugar que pasa y su mayor compromiso es informar y llevar a muchas mujeres y hombres temas de violencia y derechos humanos. Gracias a su labor con aquellos que la ven, la admiran por su profesionalismo, carisma, empatía y personalidad; nadie imaginaría la historia que carga sobre sus hombros desde hace ya tiempo, que la ha llevado a desenvolverse en estos temas, hasta que esta mujer con un buen semblante y con gran fortaleza se llena de valor, respira y me comienza a narrar aquello que sucedió cuando tenía 21 años en la ciudad de Puebla en el año 2001 y que ha marcado toda su vida.

Frente a ella, yo escuchaba cada frase, comenzamos explicando un poco sobre su vida laboral y después de esto, retomamos el tema que después de más de 10 años Somos Altruista es el único medio de comunicación que le da seguimiento a este caso, desde la primera vez que lo público en la primera edición de su revista, la Historia de Mariana y su hija.

Todo comienza cuando una estudiante foránea de comunicación conoce a un hombre 14 años más grande que ella, Francisco Alfonso Maltéz Aguilera, con el que tiempo después se casaría y tendría a una hija en el estado de Puebla.

Francisco Alfonso es un hombre alto de tez morena, nariz larga y grande, ojos pequeños y cafés, con una particular cicatriz en el cachete derecho y con poco cabello, esté señor viene de una familia Bautista muy religiosa, por lo cual desde que Mariana empezó a vivir con él, siempre le describió el comportamiento que debía tener ella como mujer, imponiendo sus normas y formas de actuar, desde la forma “sumisa” en la que debía comportarse hasta el respetar los $10.00 que le daba cada tercer día. Así Mariana era víctima de violencia, psicológica, familiar, económica, verbal y física sin que ella supiera que estaba siendo violentada.

La pequeña que tuvieron fue registrada con el nombre de Lilia Lorena Sánchez Maltéz, una hermosa niña de cabello castaño claro, tez blanca y unos intensos ojos azules –su madre me dice esto con una feliz sonrisa y una mirada perdida en ese precioso recuerdo- esta pequeña nace con el síndrome Golden-Hard y desde que sus padres se enteran de ello su madre (Mariana) comienza a ser víctima de la violencia psicológica por parte de su marido al asegurar que “Mi hija está deforme por tu culpa”.

Lili, siempre fue una niña muy querida, pero existía un particular cariño por parte de la familia de Alfonso, quienes se encargaron de repetirle a Mariana de diferentes formas a que ella no estaba haciendo las cosas bien, ya que desde su punto de vista no quería ni cuidaba correctamente a la menor y que no era buena Mujer para Francisco. Así era el panorama de una joven mujer en medio de una familia que apenas conocía de un estado en el que estaba sola, sin dinero, sin formas de comunicarse y sin información ni asesoría jurídica ni de derechos humanos. Mariana no parecía tener salida, de esta forma vivió un año con su marido: hasta que este hombre propuso el divorcio.

Parecía que la nueva decisión era muy prudente hasta que Mariana decidió tener una asesoría jurídica y debido a esto Alfonso decidió tomar a su hija y llevarla a casa de su mamá, la abuela de su hija Lilia Inés Aguilera, enfatizando que nunca más volvería a ver a su hija.

Tras esto, Mariana se va a vivir a la casa de la mamá de Alfonso para poder estar con su hija y se ve obligada aceptar las reglas de la casa en donde no la permitían salir con Lilí , hasta que un día con ayuda de una amiga logra salir de la casa con su pequeña y se va a su ciudad natal, Tabasco.

Ahí logran vivir feliz y tranquilamente durante 3 meses en donde Mariana me dice con gran entusiasmo que su niña cambió mucho en ese tiempo, sonreía más, se desenvolvió de una mejor forma y siempre estaban en un bonito entorno, además Mariana se ocupó de llevar a su hija a un hospital donde le daban una muy buena atención y seguimiento al caso de su hija, hasta que Alfonso llega a Tabasco.

Este señor se presenta con una orden del juez familiar en la que se le pedía que la niña se le entregue al padre ya que Francisco aseguraba que no se le estaba dando el trato adecuado por su padecimiento. En este punto yo cito las palabras de Mariana que escribió en Somos Altruista en el 2014.

“Francisco llegó a Tabasco con la orden del juzgado para que se le entregara la custodia a Lili, en esa misma orden se autorizaba el uso de la fuerza pública, si Mariana se resistía a entregar a su hija: “yo no iba a exponer a mi hija de un año a los jaloneos con un policía” ante la orden del juez. Mariana accedió a entregar a su hija con la condición de que la dejaran convivir con ella mientras aclaraba la situación con el juzgado, por supuesto era una petición que no le fue cumplida, llegaron a Puebla la noche del 28 de Febrero y esa fue la última vez que Mariana vio a su hija”

Después de esto, Mariana tardó solo un par de días en juntar las evidencias de que ella le estuvo dando a Lili el tratamiento adecuado para su padecimiento y su estilo de vida; con ello consiguió que se le otorgara la patria potestad y que un grupo de policías la acompañara al restaurante en donde se encontraba su ex marido para que le devolvieran a su hija, sin embargo la niña no fue recuperada por los agentes de seguridad y Alfonso logró escapar con su pequeña hija.

Mariana levantó una denuncia en la fevimtra por el delito que cometió su ex marido, y buscó apoyo en el hospital de niño poblano que desde un inicio le llevó su caso, también recurrió a la PGR, incluso en una ocasión pidió una orden de arresto en contra de Francisco y lograron detenerlo, pero a las 36 horas fue liberado por cubrir una fianza de 35 mil pesos que el juez puso, sin haber entregado a la niña con su mamá, ella solicitó una orden de cateo mientras el padre de la niña estaba arrestado, en algunas de las casas de los familiares en donde sabía que su hija podía estar y una vez más los policías aseguraron que no estaba la niña.

Debido a que el señor salió bajo fianza estaba obligado a firmar cada lunes una libreta con el cual aseguraba que él estado, un día el señor dejó de ir argumentando que estaba enfermo, tras haber pasado más de 15 días de su última firma se giró una orden de reaprehensión y desde entonces las autoridades correspondientes tienen la orden de estar buscándolo.

Hasta el día de hoy año 2018, a pesar de todos los esfuerzos que Mariana hizo que incluye medios de comunicación, instituciones, PGR, gobierno, relaciones exteriores, SEP, rastreos, Investigadores privados, etc. No sabe nada sobre el paradero de su hija ni ha vuelto a ver.

Lilía Lorena Maltéz Sánchez está a unos meses de cumplir 19 años de edad, ella fue alejada de su mamá con 1 años 8 meses. Hoy sigue desaparecida.

Tras muchos intentos Mariana Sánchez me dice que ella no descarta la posibilidad que la tengan muy vigilada y con muchas restricciones que incluso se hayan ido al extranjero u otro lugar con documentos falsos pero que confía que su último recurso son las redes sociales y espera que algún día no tan lejano pueda ver a hija decirle cuánto la ama y explicarle su versión de las cosas.

Para terminar, yo veo a esta mujer que durante 2 horas de entrevista, me ha dejado totalmente impresionada por todo lo que ha pasado para encontrar a su hija. Les aseguró que yo al estar sentada a unos centímetros de ella y poder sentir el ambiente y ver cada una de sus expresiones, demostraba una inigualable fortaleza pero también un gran dolor que hay dentro de ella, en algunas ocasiones las lágrimas brotaron, pero no me cabe duda que solo fue una mínima expresión de todo lo que siente dentro de ella. En Somos Altruista nos quedamos muy agradecidos por la apertura, disposición y confianza que Mariana nos brindó.

Sin duda me quedo convencida que para una madre nada es suficiente ni imposible, Mariana lleva tatuado en su corazón con gran fulgor el lema: SÉ QUE TE ENCONTRARÉ

Mónica Jackeline Estrada

Mi nombre es Mónica Jackeline Estrada, soy una mujer feliz, comprometida con dejar siempre lo mejor de mí. Estudió la Licenciatura en Comunicación porque sé que es el cimiento de todo nuestro entorno y que está conformado por el poder de la palabra. Desde hace ya varios me apasiona leer y escribir sobre nuevos temas, lugares e historias y así poder llegar al corazón de las personas.