Por primera vez desde que colaboro con esta revista, no hablaré de temas de género; en esta ocasión me voy a referir a cómo compartimos los espacios públicos y el transitar por la ciudad, quienes conducimos automóviles, bicicletas y por supuesto quienes andamos “a pie”.

Y esto viene a cuento, porque ahora que transito una ciudad tan grande y complicada como la Ciudad de México, he podido observar cómo vamos peleando los espacios en la vía pública.

Me explico. No hace muchos años, iniciaron las marchas ciclistas ¿recuerdan? Esas personas que cambiaron los automóviles por un medio de transporte más amable con el medio ambiente y por supuesto con su salud (lo que en el argot moderno se conoce como eco-friendly y fitness).

Pues bien, en esas marchas las personas que optaron por las bicicletas como medio de transporte, exigían a quienes son conductores de automóviles, que tuvieran más respeto y no les “aventaran el coche” ya que muchos de ellos, habían sido severamente lastimados mientras se desplazaban por la ciudad.

A partir de la necesidad de las y los ciclistas de transitar de manera segura, tanto en la CDMX como en Puebla, se han construido ciclopistas o carriles asignados para quienes usan este tipo de transporte. Ahora bien, y aquí viene la otra cara de la moneda; como ciudadana de “a pie” en la Ciudad de México, me he topado con personas que andan en bicicleta que no respetan al peatón, personas a las que un semáforo en rojo y las líneas peatonales al parecer no les dicen nada, como si no aplicaran las mismas leyes básicas de tránsito para bicicletas que para coches, y todavía encima, si a una persona se le ocurre atravesarse por el camino, suenan la campanita de la “bici”, como reclamando su espacio.

Además, también he tenido que esquivar a ciclistas que transitan en sentido contrario (en México y en Puebla) fuera de los carriles destinados, me he topado con algunos de ellos que no tienen el menor respeto por el peatón y prácticamente aplican aquello de “ahí va el golpe”, pues no se frenan para evitar atropellar a las y los transeúntes.

Todas y todos tenemos derecho a transitar por la ciudad, todas y todos tenemos la obligación de respetar a los demás y si existen reglas de tránsito, vayamos aprendiéndolas y poniéndolas en práctica. Es por el bien común, es un derecho y una obligación ciudadana.