“Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos, el interés jamás ha forjado uniones duraderas”. Aguste Comte

En los últimos días las notas se han centrado en cubrir el desastre que provoco el terremoto del pasado 07 de septiembre en los estados de Oaxaca y Chiapas. El cual dejó un saldo hasta el momento de 95 muertos e incontables pérdidas materiales.

Sin embargo entre el caos que causo este fenómeno, han existido diversas posturas en las que resalta la visita de los políticos al lugar de los hechos, estrechando manos, diciendo palabras de apoyo y prometiendo que todo va a mejorar. ¿Casualidad? ¿Preocupación? No lo creo.

Desgraciadamente en días pasados los ciudadanos de Oaxaca denunciaron lucro y politización en el reparto de víveres, orillando al Gobernador Alejandro Murat a declarar que únicamente el ejército y la marina serán los encargados de repartir la ayuda.

En Chiapas la situación no es mejor, 111 municipios fueron golpeados por este fenómeno natural, alrededor de un millón de personas se vieron afectadas y el apoyo hacia esta población está cayendo a cuenta gotas, el motivo es que la ayuda fue generalizada y no focalizada como en Oaxaca.

La corrupción y la baja credibilidad hacia nuestras instituciones son elementos que al combinar con un desastre natural de la magnitud del terremoto del pasado 07 de septiembre nos da la pauta para cuestionar la forma en que se gobierna en nuestro país, así como el modelo de desarrollo que promueve nuestra clase política y empresarial.

El desastre natural nos deja un sabor amargo, los daños son inmensos y la población de los estados de Oaxaca y Chiapas se enfrentan a la reconstrucción de sus hogares, sin embargo es una oportunidad para unirnos como mexicanos nosotros tenemos la posibilidad de generar cambios y exigir cuentas a nuestros gobernantes.

Los invito queridos lectores a iniciar el cambio en nuestro país demostrando que los mexicanos nos unimos no solo para reconstruir a Chiapas y Oaxaca, sino para construir un México que se ponga de pie a pesar de la adversidad en la que estamos inmersos.