En estos tiempos políticos que se acercan, nos acechan y estremecen de cara al año 2018, envueltos en un ambiente de sueño republicano, que nos permite soñar con un cambio social, de transformación cultural, de evolución económica y en un nuevo paradigma político, que nos afecte de manera mínima en nuestra idiosincrasia como ciudadano y comunidad.

En esta esperanza nos encontramos con una gran sorpresa que se transforma en una compleja realidad política para reflexionar y aceptar, como lo es, el siguiente hecho: los partidos políticos que acorde a lo previsto, por nuestra carta magna en su artículo 49, no son más que medios idóneos para que el ciudadano tenga la oportunidad de acceder al poder público y formar parte de la toma de las decisiones políticas del país y de su sociedad, reciben recursos financieros denominados de manera rimbombante por la legislación electoral: apoyos económicos, estímulos para la promoción de la cultura democrática o bien remesas financieras, con el propósito de solventar la realización de las campañas políticas de candidatos a cargos de elección popular, reciben por parte del Instituto Nacional Electoral, cantidades millonarias, exorbitantes y fuera de contexto de la realidad política y social de nuestro país.

El monto de las participaciones económicas que se destinan a los institutos políticos, ascenderán a un promedio de 15 a 20 mil millones de pesos en su conjunto, recursos económicos, que son aportados por todos nosotros los ciudadanos que pagamos nuestros impuestos, usos, o aprovechamientos fiscales, de manera mensual o anual, responsablemente y pensando que el dinero que se le aportó al Estado será utilizado de manera positiva y en beneficio de la sociedad; sin embargo, estos recursos económicos serán repartidos entre los institutos políticos de acuerdo a lo que señala la legislación electoral, tomando como referencia o criterio para la asignación de recursos, el porcentaje de votación recibida durante la última elección federal, es decir, la repartición se realizara tomando en cuenta el partido político que haya logrado el mayor número de votos en las urnas, al cual, le serán suministrados aproximadamente de 4 a 5 mil millones de pesos y al partido que estuvo a punto de perder su registro electoral como partido nacional por no alcanzar el famoso 2% de la votación total, solo le será entregada la pobre e irrisoria cantidad de 400 millones de pesos.

Si queridos lectores, están leyendo correctamente… hablamos de miles de millones a cientos de millones de pesos en este país… en los Estados Unidos Mexicanos, mejor conocido en el contexto internacional, como nuestro querido México, en donde, de acuerdo a las estadísticas proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el año 2016, de los aproximadamente 125 millones de habitantes que somos, actualmente el 57% se encuentra en el rango de pobreza marginal o pobreza extrema, lo que significa que no hay alimento para comer 3 veces al día, el domicilio donde se habita probablemente no cuente con los servicios básicos de agua, luz, drenaje, piso de cemento o bien en la comunidad donde se vive cotidianamente, no existen servicios públicos de infraestructura como: pavimentación, alumbrado público, parques y jardines o bien seguridad pública .

En esta triste contradicción vivimos como sociedad mexicana: “…partidos políticos que carecen de legitimidad, porque el ciudadano ya no cree en sus propuestas, una democracia participativa con un promedio de abstencionismo del 40% en sus últimos ejercicios democráticos y que además, resulta ser, una de las democracias más caras del mundo en el parámetro de costo por sufragio emitido, democracia indirecta, financiada por el pueblo, que en su gran mayoría se encuentra bajo el umbral de pobreza extrema…”.

Queridos lectores, preparémonos para los tiempos políticos que se avecinan.

¡Suerte! y hasta la próxima.