Una de las principales confusiones respecto a la crianza se debe a la manera en la cual los padres intervenimos con nuestros hijos respecto a su comportamiento. Es sumamente importante intervenir con las herramientas adecuadas para motivarlos, así que los padres nos vemos enfrentados ante el gran reto que representa el desarrollo sano de un ser humano que se encuentra en formación de su desarrollo, autoestima y confianza en sí mismo.

Es frecuente escuchar a muchos padres decir que los métodos de hoy en día resultan obsoletos, ya que a los niños se les debe enseñar a respetar a base de “Unas buenas palmadas a tiempo” ya que de lo contrario éstos niños pierden el respeto a las figuras de autoridad y “se salen del huacal”, o bien, también se dan muchos casos en los cuales se utiliza el castigo como método correctivo. Resulta bastante interesante que éstas medidas, además de punitivas, no contribuyen a un desarrollo sano. Pero entonces, ¿Qué podemos hacer?

La aplicación de consecuencias en base a los propios actos resulta un excelente método, ya que todas nuestras acciones traen consigo consecuencias positivas y negativas. Incluso la vida misma gira sobre el mismo tema.

Su tu pequeño hace su tarea, esto traerá consigo consecuencias positivas (no sólo basta fijarse en las consecuencias negativas). El niño necesita sentirse reconocido para que la conducta positiva se repita nuevamente, y el reconocimiento hacia ellos es el mejor alimento para el autoconcepto.

En cambio, si tu pequeño realiza una conducta inadecuada, la consecuencia que apliques debe ser congruente con su comportamiento, además de que al niño se le debe aclarar el porqué de la consecuencia.

Un “te portaste mal” resulta un mensaje que no podría ser claro. ¿Por qué el niño se portó mal? Es nuestro deber orientarlo para tenga claro la conducta que debe mejorar.

Si decimos “Por romper el jarrón estás castigado sin ver televisión” cabe aclarar que esto no es una consecuencia y mucho menos es congruente. En primer lugar, es importante enseñarle a tu pequeño que debe reparar el daño, ya sea ofreciendo una disculpa y pensar en una alternativa para dar una solución. Si rompes un jarrón, la consecuencia es que debes reparar el daño. El suprimir la televisión no tiene nada que ver con muchas de las acciones que los niños realizan.

Por ejemplo: Por pegar a tu hermano, la consecuencia es que hoy no iremos al parque.